miércoles, 20 de abril de 2011

Virginia Woolf, feminismo y compromiso

“Bueno, ya está, he tenido mi visión.” Con estas palabras termina Al faro, la novela más importante de Virginia Woolf. Y esas mismas palabras podrían servir como epitafio a toda una vida dedicada al arte, a la literatura —novela y crítica literaria—, y al compromiso más honesto con el feminismo, el izquierdismo político, el pacifismo, el antifascismo.
Virginia Woolf había nacido en la ciudad de Londres el 25 de enero de 1882, en el seno de una familia de clase media-alta, donde la cultura era considerada, sin duda alguna, el bien más preciado que una persona podía poseer. No pretendo llevar a cabo en este artículo un repaso biográfico exhaustivo de la genial escritora británica. Recomiendo a los lectores que deseen acercarse a la obra de Virginia Woolf, la magnífica biografía homónima escrita por su sobrino, Quentin Bell. No obstante, se hace necesario comentar algunos aspectos que nos parecen interesantes.
En primer lugar, debemos señalar que Virginia Woolf vivió su sexualidad con una libertad absoluta, sin ocultarse de nada ni de nadie, para asombro de las mentes bienpensantes de su época. Nunca ocultó su condición de bisexual —a lo largo de su vida mantuvo romances con, entre otras, Violet Dickinson y con Vita Sackville-West— a pesar de su feliz matrimonio con el también escritor Leonard Woolf.
En segundo lugar, hemos de destacar sus problemas de salud. Virginia Woolf sufrió terribles depresiones nerviosas durante toda su vida, agravadas cada vez que terminaba una nueva novela. Esto provocó varios intentos de suicidio, que finalmente fructificaron el día 28 de marzo de 1941, cuando encontró la muerte adentrándose en las frías y turbulentas aguas del río Ouse con los bolsillos repletos de piedras.
Otro aspecto a destacar, desde mi punto de vista, es su fuerte compromiso social, tanto con la izquierda de la época, como con el feminismo más militante. Fue una pacifista convencida durante la mayor parte de su existencia, mostrando su rechazo más enérgico al uso de la fuerza en la Primera Guerra Mundial, aunque durante la Segunda Guerra Mundial fue consciente de que el nazismo y el fascismo sólo serían vencidos si se les derrotaba en las trincheras. Siempre mostró sus preferencias por el Partido Laborista y durante la Guerra Civil Española apoyó abiertamente al legítimo Gobierno Republicano.
Por otra parte, no resulta descabellado afirmar que Virginia Woolf es una de las madres del feminismo contemporáneo. En octubre de 1928, dictó dos conferencias en Cambridge sobre la relación existente entre literatura y mujer. Llegó a la conclusión de que una mujer, para poder escribir, sólo necesitaba independencia económica y personal y esto se resumía en una sola cosa: una habitación propia. Bajo este título reuniría algún tiempo después ambas conferencias en un único volumen que sentaría las bases del pensamiento feminista de la segunda mitad del siglo XX.
Virginia Woolf fue pionera entre las mujeres intelectuales de su tiempo. En agosto de 1912 contrajo matrimonio con Leonard Woolf. A partir de este momento se dedica plenamente a la literatura en una doble faceta: como editora y como escritora. Junto a su esposo fundó la editorial The Hogarth Press, que editó a importantísimos escritores en lengua inglesa de la época: desde E. M. Foster a T. S. Elliot pasando por Katherine Mansfield, entre otros. Como escritora publicó más de una treintena de libros entre novelas y ensayos, destacando: Fin de viaje, Noche y día, El cuarto de Jacob, La señora Dalloway, Al faro, Orlando, Las olas, Los años, Entre actos, Una casa encantada, entre las obras de ficción; y Una habitación propia, Las mujeres y la literatura, Escenas de Londres y Viajes y viajeros, entre los ensayos.
La principal cualidad de Virginia Woolf como narradora es el uso del flujo de conciencia o monólogo interior, un técnica mediante la cual la autora se adentraba en los personajes, rompiendo todas la convenciones literarias que dominaban la narrativa hasta ese momento, creando universos independientes en los que la descripción de personajes, de escenarios, de situaciones, pasaba a un segundo plano o ni siquiera aparecía, ya que lo que realmente importaba tenía lugar en el interior de dichos personajes. A partir de escritores como Joyce, Foster o la propia Virginia, la novela contemporánea empieza a transitar caminos impensables hasta ese momento.
Sería interminable resaltar todos los logros de una persona de la talla moral de Virginia Woolf. Durante toda su vida, con sus mejores armas, la palabra y la literatura, intentó luchar contra los convencionalismos estúpidos con los que se enfrentaba cualquier mujer de su época. Ésa fue su gran aportación. Su pequeña victoria.

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