miércoles, 3 de abril de 2013

Prólogo del libro "Azul lejano", del poeta Luis Eduardo Ayala Páez

Me llegan desde la otra orilla del océano los poemas que conforman Azul Lejano, el libro que tienes en tus manos del poeta Luis Eduardo Ayala Páez, con toda seguridad, una de las jóvenes voces poéticas más interesantes de la poesía que se vive, que se respira, que se escribe, en estos días, en su país, Venezuela. No me queda más remedio que admitir que estos poemas me han deslumbrado con su intenso olor a mar, a fruta fresca, a pasión desenfrenada, en definitiva, a vida.
Y es que no se me ocurre una palabra que defina mejor los versos, las palabras, los poemas del autor zaraceño que la palabra vida. Versos sencillos que deslumbran, precisamente, por poseer la cualidad de las cosas sencillas. Y fíjense que digo sencillos, y en ningún caso, me refiero a ellos como simples. Porque estos versos pueden ser cualquier cosa, pero nunca simples. Versos que se empapan de vida, que destilan vida, que nos muestran vida, que nos regalan, a los que tenemos la suerte de poder leerlos, vida.
En la poesía del poeta venezolano se oyen, a veces nítidos a veces lejanos, los ecos de los grandes poetas de la lírica escrita en nuestro idioma, ese vehículo común que nos une mucho más de lo que nos puedan separar las enormes distancias. Así, en mi opinión, la huella de la poesía de Federico García Lorca sobrevuela muchos de los poemas de este libro. Y es que el poeta de Fuentevaqueros se hace cuerpo en muchos de estos poemas, donde la pasión, el desgarro, nos transportan a muchas de las mejores páginas del poeta español. O las del maestro de poetas Don Antonio Machado, en esos versos donde Luis Eduardo canta a la naturaleza, a las cosas simples de la naturaleza: un árbol, una gota de rocío, la luz de una estrella que brilla a lo lejos. También se hace patente en estas páginas el paso firme, seguro, siempre esperanzador, de Pablo Neruda, así como la de una de las grandes voces de la poesía escrita en el continente americano, aunque este caso, fuera más al norte, y en la lengua de Shakespeare. Me estoy refiriendo, como no, a Walt Whitman, el bardo americano por excelencia, y padre de toda la poesía moderna.
Los poemas de Azul Lejano resuenan en el cerebro como disparos de escopeta. Breves, concisos, deslumbrantes. Y te dejan en la boca un regusto como a desasosiego que perdura en el paladar mucho después de cerrar el libro. Por eso aconsejo a todos cuantos tengan ocasión de disfrutarlos que no dejen de hacerlo. Porque dentro de un tiempo se hablará mucho y muy bien de este poeta. Decía T. S. Eliot que el gran objetivo de un poema es que los lectores usen las palabras del poeta para explicarse su propia existencia, para apropiarse de algo que ya, de antemano, les pertenecía. Algo que sin duda, consiguen los poemas de Luis Eduardo Ayala Páez. Un placer leerlo. Háganme caso.
Rafael Calero Palma
Salobreña (Granada, España), Junio 2012

1 comentario:

  1. ¿intenso olor a mar, a fruta fresca, a pasión desenfrenada...? ¿Y no nos pones unos versos de muestra, joderrrrrrrrrr?

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.